Votos Perpetuos Hna. Maria Judith Días del Castillo Guerrero

“Darse y darlo todo” El 23 de diciembre de 2013, es un día que con seguridad se quedará grabado en mi memoria y en mi corazón como el día más importante y quizá más feliz de mi vida, porque fue el día en que dije que SI perpetuamente al Señor para ser parte de esta Congregación. En compañía de toda mi Delegación colombiana, mis papás y hermanos y unas cuantas personas muy importantes y queridas para mí; en la ciudad que me vio nacer y en el lugar que me vio crecer como estudiante Filipense y que me vio dar mi primer si temeroso al Señor, consagré mi vida por entero a Él en una hermosa y solemne ceremonia presidida por los padres oratorianos Juan Andrés Arturo y Tomás Viteri. Les comparto a continuación la que fue la acción de gracias de esta ceremonia, pues realmente, creo que es lo que ante el amor tan grande de Dios, queda como respuesta. Hace algunos años, Dios decidió escribir una historia y entre otros, se propuso contar conmigo para hacerla vida… un día, yo acepté y decidí hacerme cargo de mi parte en mi historia y entonces, empezamos a construir un proyecto de vida. A veces, nada más me he dejado llevar de su gracia, pero otras he decidido intervenir… pero Él nunca me ha dejado sola, de modo que mi vida ha sido un constante actuar de su amor: en mis proyectos, en mis aciertos, pero también en mis miedos, mis limitaciones y debilidades… y así mi vida llega a hoy: cuando reconociendo todo esto que soy, me descubro inmensamente amada y decido responder con radicalidad a todo lo que Él gratuitamente me ha dado. Así que Dios: gracias! Gracias por darme la vida y devolverme la vida y la sonrisa. Gracias por mis papás: Alfredo y Judith y gracias a ellos, que recibieron de Él mi vida y la cuidaron hasta dejarla volar en libertad, con ese amor inmenso que da vida y felicidad. A mis hermanos y hermanas; cuñadas, cuñados; sobrinas y sobrino. Por apoyarme y dejarme ser. Por hacerme sonreír y dejarme descubrir a Dios también en ellos. A mi delegación de Colombia: las que están y las que no. Por ser realmente mis hermanas y haber aportado desde la sencillez de la vida de los grandes o pequeños momentos, para que yo sea quien soy. Por creer en mí y por brindarme siempre una sonrisa y una mano acogedora y firme para seguir caminando. También a las hermanas de México, que en este año me acogieron con tanto cariño y generosidad; abriendo sus corazones y sus vidas, para que la mía pueda descubrir en ellas otra manera de vida y de vida Filipense. Gracias por mis formadoras desde los primeros años: María Teresa y Esmeralda; y luego Amparito en estos últimos tiempos… que con su paciencia exigente y su cariño, me han ayudado en este seguimiento de fidelidad y felicidad. Un gracias enorme a Él por mi delegada: Ruth, quien ha sido “toda una madre” para mí. Por su enorme paciencia, su escucha, sus enseñanzas, su exigencia, su cariño y su gran confianza, que me han ayudado a crecer, a optar en la vida y a optar por la vida. A mis profes, aquí presentes; quienes desde muy pequeña fueron mostrándome qué es ser Filipense. A todos los que no están hoy aquí presentes, familia, amigos y quienes a lo largo de estos años de vida Filipense han caminado conmigo en las diferentes misiones donde he estado; por haber sido Dios que se me da a borbotones en esos rostros que me sonríen y me recuerdan ser discípula fiel. Y a cada uno de ustedes gracias por estar aquí hoy; gracias por ser parte de mi vida y porque su presencia es signo del amor de Dios. Gracias por ser testigos de esto que tantos dicen que es una locura… por favor vayan y cuéntenle a quien quieran que las locuras cuando son por amor vale la pena vivirlas, porque hacen felices a quienes las viven. Así que, gracias por estar aquí, gracias por acompañarme a ser feliz. Y como dijo san Felipe Neri: ¡Sursum Corda! Hna. Maria Judith Díaz del Castillo Guerrero R.F.