UNA VALLA DE ESPERANZA Y UNIDAD, desde México

          La noche del viernes 12 de febrero llegaron a la Ciudad de México 45 personas (tres niños, y el resto de jóvenes y adultos, hombres y mujeres) provenientes de San Sebastián del Sur, Jalisco. Con la firme decisión de ver al Papa Francisco en su visita a nuestro País.

          Sabían de antemano las recomendaciones hechas para ser parte de la valla: cuestiones de seguridad personal, la manera de permanecer en la valla y cumplir con la encomienda. El sábado 13 llegamos al lugar asignado, y fue grato ver que en esa área no había la aglomeración de personas que se nos había anunciado. Ante ello, tomamos las cosas con más calma y nos dispusimos a vivir el día más relajados pero sin descuidar nuestro compromiso.

          Pasó una vez, ¡lo vimos! De la emoción quienes tenían lista la cámara olvidaron tomar la anhelada fotografía, pues era preferible verlo directamente que a través de la cámara o del celular.

         De nuevo pasó y sufrimos una decepción al ver que no iba en el «papa-movil» sino en un pequeño auto al inicio de la caravana. La tercera ocasión, según la opinión general, fue la mejor, pues pasó un poco más lento y lo mejor: ¡Nos volteó a ver! La última vez que lo vimos pasar, fue al final del día, ya cansados pero con la misma emoción, aunque sabíamos que iría en el auto compacto y sólo nos saludó desde dentro. Sin embargo el entusiasmo y la alegría permaneció intacta hasta esta hora de la noche y seguíamos gritando porras al estilo filipense:

«¡Francisco, hermano, nos levantaste muy temprano!, ¡Francisco, Paquito, quiero dormir otro poquito!, ¡Míranos Francisco, Venimos desde Jalisco!, ¡Francisco bebe mate, nosotros chocolate, chocolate, molinillo, estirar, estirar, que Francisco va a pasar! Bendición vine a buscar, y sin ella no me iré…!

          Esa alegría de San Felipe Neri, y de P. Marcos y Madre Gertrudis, que «no perdían tiempo, ni espacio» para la alegría ni para acercar a todas y todos a Dios. Muchos incrédulos dirán que somos gente alienada, que es un personaje político más que religioso, y que su visita no sirvió de nada…y ciertamente pudo haber hablado de muchos temas que nos hieren el alma y siguen marcando nuestra historia de muerte e impunidad, pero yo creo que cualquier persona que a su paso deja esperanza, propicia organización para el bien y une personas; es mensajero de Dios, y su paso no puede quedar sólo en una fotografía, sino que su mensaje es lo que nos tiene que cuestionar y animar a vivir diferente, y a comprometernos NOSOTRAS Y NOSOTROS a transformar esta realidad que es donde estamos y de la cual somos responsables.

          Es muy fácil esperar que alguien de fuera venga a cambiar lo que está mal, pero lo cierto es que nos toca a quienes vivimos aquí y que hemos colaborado activa o pasivamente a que las cosas estés de este modo, hacer algo por cambiarlas. Por lo tanto, la experiencia de participar en la Valla durante la visita del Papa Francisco a México fue oportunidad para confirmar que: – La juventud no está perdida, como muchos dicen. Aún hay causas que los entusiasman y pueden llegar a comprometer, sin importar el sacrificio y el desgaste. –

          Somos personas responsables, de nosotros mismos y de cuidar y resguardar a los y las demás. – Cuando estamos unidos y organizados, no hay personas débiles, todas y todos podemos aportar algo al grupo. – Así como nos unimos para «saludar» a alguien sólo unos minutos y de lejos, podemos también hacer vallas para sostener a otros, para gritar ante las injusticias y unir nuestras manos para luchar por un país mejor, ahí donde cada una/o esté compartiendo su vida. – Podemos ser muy fuertes y permanecer de pie en la espera activa de una nueva humanidad, siendo colaboradores de ella, dando nuestro aporte, a la medida de nuestras posibilidades.

FAMILIA FILIPENSE, SIGAMOS FORMANDO ESTA VALLA DE CORAZONES Y ACCIONES EN FAVOR DE LOS MAS NECESITADOS Y DE UN MUNDO DE PAZ, MAS JUSTO Y DONDE NO NOS FALTE NADIE. ¡ARRIBA LOS CORAZONES!

                                                                     Hna Carmen Castillo

                                                                     Religiosas Filipenses

 

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