SEGUNDO ENCUENTRO CON EL PADRE MARCOS, EN SU BICENTENARIO: IMITAR A JESUCRISTO Y SERLE SEMEJANTE

          El proyecto propio de seguimiento de Cristo que cada fundador recibe de Dios y que lo plasma en las Constituciones se funda en la fe y en la confianza de que Jesús es el camino para llegar al Padre: «Nadie va al Padre sino por Mí» (Jn 14, 6). Y también en la seguridad de que Cristo es “imagen de Dios” (2Cor 4, 4). Nuestro deseo de asemejarnos a Cristo ya aquí en la tierra es, pues, con el fin de parecernos a Dios y poder gozar de su felicidad y bienaventuranza eterna, ya ahora en este mundo, a pesar de nuestras limitaciones e imperfecciones y, después de esta vida, plenamente en el cielo, que es el fin último y la meta de la existencia del cristiano.
          Como todo fundador, los hermanos Castañer, son objeto de una invasión del Espíritu de Jesús, que se aparece ante ellos, según consta en las Constituciones de 1865, como un Esposo humillado. Este Cristo humillado, para Marcos y Gertrudis, aparece cuando entrega su voluntad al Padre desde el primer momento de su llegada a este mundo (cf. Hb 10). Así vemos que se señala en las Instrucciones, de manera especial en todo el capítulo VI (Instr. 38-45).
            En esta clave de la imitación de Cristo se mueven los fundadores, pues así se refleja en todos sus escritos: Constituciones de 1865, Instrucciones y la Sucinta Memoria, al igual que en los textos encontrados en el Archivo General de la Congregación.
         Pero, para la realización de este trabajo, he tomado como principal referencia el capítulo VIII de las Instrucciones: «La Hermana viene para imitar a Jesucristo y serle semejante». A partir de ahí he desarrollado todos los demás puntos tratando de reorganizarlos: la Hermana viene para mortificarse, la Hermana no viene para hacer su voluntad, la Hermana viene para llevar la cruz, la Hermana viene para trabajar, etc. Como complemento y apoyo he cogido textos de otros escritos fundacionales y posteriores a los fundadores. Para Marcos, imitar a Jesucristo no era un simple consejo, sino un precepto que nos da el Señor, pues nos dice: «Aprended de mí» (Mt 11,29).

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