LA DANZA LITÚRGICA, UN CAMINO DE CONTEMPLACIÓN

En el mes de Marzo tuve la oportunidad de asistir al cursillo de «Danza Contemplativa» organizado por la Delegación de España que realizamos de la mano y el gesto delicado de Victoria.

La acogida, siempre cálida de las hermanas de Madrid, fue para mí la mejor terapia para disponerme de corazón a abrirme a esta experiencia, en mi caso nueva, a pesar de que desde niña siempre me gustó el baile y la danza…

Pero esta vez se trataba no de cualquier danza sino de la danza contemplativa. Ha sido una bonita experiencia para quienes participamos en ella pues creo que sí pudimos vislumbrar, al menos, que puede ser un camino de escucha del Misterio que nos habita pues esta danza va conduciendo poco a poco a la quietud interior, al silencio y a la serenidad, pudiendo llegar así a convertirse claramente en oración.

Y desde ese estado es desde donde se ve con claridad y donde la paz inunda el alma; y al danzar en círculo como que te dispones a abrazar gozosamente con las hermanas al mismo universo, se elevan los brazos, se mira en contemplación y se abre el corazón al Misterio de Aquel que nos transciende y al Misterio de cada ser humano, del que tengo al lado y al de toda la humanidad.

Una de las cosas que más me llamaron la atención es el espíritu joven de las hermanas mayores y no tan mayores; el interés por seguir el ritmo, por ir al unísono aunque costase un poquito… Todo un símbolo de vidas que han tratado de seguir al ritmo del Espíritu comunitariamente, de ser la Parábola de “un solo corazón y una sola alma” en la Misión.

Hay mucho escrito sobre la Danza Contemplativa pero yo, para terminar esta breve reseña que en su día me pidió hiciera Hna. Mª Teresa, me quedo con estas pinceladas entresacadas de un poema de Madeleine Delbrel:

«Si estuviéramos contentos de ti, Señor, no podríamos resistir
a esa necesidad de danzar siguiendo los pasos de tu Providencia.
Que no olvidemos la música del Espíritu y que se danza en tus brazos,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía en el alegre baile de tu amor.
Haznos vivir nuestra vida como un baile,
como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor. Señor, ven a invitarnos».


Ana Lafuente