GRACIAS SEÑOR POR EL DON DE LA VOCACIÓN

Tanto tiempo esperando este día, y llegó el momento de dar mi SÍ a Dios en esta familia de las Religiosas Filipenses. La Eucaristía estuvo presidida por el Padre Bonifacio (Claretiano), siendo sus  con-celebrantes el  Padre Juan Lozano Belmonte, mi director espiritual, también Claretiano que fue poco a poco aportado su granito de arena aconsejándome, apoyándome y ayudándome a crecer, a amar a las personas, a valorarme, a conocerme mucho mejor y de alguna manera ha sido participe de mi sí de hoy, y el párroco de la Parroquia donde daba catequesis, el Padre Luis Miguel Flores. Me acompañaron también las hermanas de la Congregación venidas de diferentes comunidades, compañeros del instituto, profesores, amigas y amigos que formaron parte de mi vocación, así como el grupo de danza que con su baile hizo que la celebración fuera emotiva, viva y alegre.

Son muchos los sentimientos que en este momento de mi vida embargan todo mi ser, sentimientos de alegría y gratitud a Dios por el don de la vida y la gracia de haberle conocido desde niña y adolescente a través de la educación humana y cristiana que recibí junto con mis hermanos de mis queridos padres y en especial de mi madre. A quienes les agradezco mucho por lo recibido de ellos en el plano de la fe, pero también porque sé que están participando conmigo en este día, pues aunque lejos, el Espíritu Santo nos une.

Es en mi hogar donde aprendí a descubrir la mirada tierna y protectora de un Dios Padre y Madre que me amaba, y que en cosas muy pequeñas y sencillas me invitaba a hacer lo mismo con todos los que me rodeaban sobre todo con aquellos que mas lo necesitaban; estas experiencias fueron muy decisivas, en el momento de descubrir mi vocación de servicio a Él, y en un carisma misionero.

Ahora ya no solo siento gratitud hacia mis seres queridos, sino hacia la Congregación de Religiosas Filipenses Misioneras de Enseñanza: mi nueva familia, a quien le agradezco infinitamente por su cariñosa acogida y confianza en las diferentes etapas de formación a la vida religiosa y por lo que hoy puedo pronunciar mi SÍ al Señor.

Elevo mi agradecimiento, por el entusiasmo que me transmitieron, a cada una de las Hermanas de la Congregación, en especial a la M General, Mª Nieves Alonso y su consejo, a mis maestras tanto en España como en Chile quienes con paciencia y caridad supieron mostrarme el valor y sentido de la Vida Consagrada, que ama y sigue a su maestro pobre y Crucificado con sencillez, amor y alegría, y gracias a mi Comunidad de Elfo.

Mi agradecimiento a la Parroquia de San Felipe y Santiago el Menor, los Padres de la orden Siervos de Jesús por su acogida en su parroquia para servir a Dios en los pequeños como catequista, en los campamentos parroquiales y alguna vez en el apoyo escolar. Las palabras tan sencillas del párroco P. L. Miguel (ánimo tu puedes) fueron esenciales  para ir abriendo mi corazón y  entregarle a los que más me necesitaban gracias a su consejo de seguir adelante. Gracias a todas las catequistas por lo que hemos compartido durante este tiempo, gracias al coro de la parroquia por sus hermosas canciones, aunque no sonaba tanto mi voz, pero con el sonido del tambor se notaba mi presencia. Doy gracias a Dios por el bien y la felicidad que me ha regalado durante estos años, y lo mucho que me ha enriquecido la experiencia parroquial con vosotros.

“CON AMOR ETERNO TE HE AMADO, POR  ESO

DERRAMARÉ MI GRACIA EN TI”