Encuentro Exalumnas Filipenses Manizales Promoción XVI (Año 1982)

MÁS QUE UN ENCUENTRO DE EXALUMNAS Por: Ana Lucía Largo C. Exalumna Filipense, Promoción XVI – 1982 Estas líneas con todo mi cariño para mi compañera, cómplice y amiga Tania Marín, a quién mi búsqueda terminó convirtiéndola en el motor de esta indescriptible vivencia. Faltó tiempo; siempre falta cuando la vivencia supera las expectativas y quisiéramos que nos llenara hasta el hartazgo… Es el primer pensamiento que tengo al recordar nuestro encuentro y tratar de plasmarlo en el papel para que, las personas que se acerquen, puedan mínimamente vislumbrar lo que vivimos. Desde ya se los digo: pueden olvidar esa posibilidad de comprenderlo a través de nuestra experiencia, simplemente hay que vivirlo. Treinta años nos separaban de la convocatoria para vernos por fin. Treinta años que para algunas solo han sido un destello y para todas un espacio en el que nos hemos dedicado a fortalecernos como seres humanos. Cada una ha dado su testimonio de luchas y superaciones, jamás de desaliento o debilidad; tal vez por fin asimilamos lo que para Apolonia, Raquel, Lourdes, Pilar, Ruth o Magdalena era el eje de nuestra educación, impartida muy a pesar de la gritería y pilatunas que habitaban cada día los recreos, aulas y pasillos de nuestro Colegio, mientras nos esforzábamos por comprender las diferentes lecciones. Ojalá la enseñanza perdure para las batallas que enfrentan las siguientes generaciones. Antes de encontrarnos llegamos a preguntarnos si nos reconoceríamos, durante el abrazo era imposible no imaginarse con la camisa blanca o el delantal a cuadritos. Mágicamente nos vimos y nos sentimos iguales, como si el tiempo de no vernos fuese una realidad paralela, algo que solo sucedió con el único propósito de que hoy nos quisiéramos, nos admiráramos y nos respetáramos más. 1982 es una fecha vital que marca la culminación de nuestros estudios. 2012 el punto de partida anual para estas gratas reuniones, que en años posteriores deberán incluir más hermanas del alma. En el momento de brindar en cada reencuentro no importará lo vasto del tiempo o si éste se nos nota afuera o adentro, porque la ilusión de volver a vernos y confundirnos entre recuerdos, nostalgia y abrazos, superará cualquier trazo equivocado que el tiempo haya dibujado.