CELEBRACIÓN DE LOS VOTOS DE SILVIA EN VILLAGARCIA DE AROUSA-ESPAÑA-

          El día 6 de diciembre, fue un día muy especial para mí, doy GRACIAS A DIOS por su llamada y por su amor tan grande y misericordioso que ha guiado los pasos de mi vida.
          En la parroquia de “A Nosa Sra. da Xunqueira” en Vilagarcía de Arousa, en una ceremonia sencilla pero llena del calor de todos los presentes,  ante la Cdad. Eclesial y la M. General M. Nieves Alonso, en compañía de mis hermanas y de mi familia, confirmé que quiero seguir los pasos de Jesús, en la Congregación de Religiosas Filipenses.
          Un momento emocionante y lleno de sentido para mí, fue pronunciar el    “Si” que me compromete a ser más de Jesús, a seguir fielmente el Evangelio, intentando hacer de todos los lugares donde me encuentre, un  lugar donde se respire el Reino de Dios.
          Emocionante también el momento en que las hermanas allí presentes confirmaron que unidas intentaremos vivir el seguimiento de Jesucristo, y que en comunidad nos apoyaremos para buscar la voluntad de Dios, con la alegría que toda religiosa Filipense lleva en el corazón.
          Gracias a todas, por vuestra ayuda y por vuestro testimonio de vida, por todos los momentos que vivimos juntas, porque con vosotras he crecido como persona y como religiosa.
          Me siento bendecida y amada por Dios, pues soy consciente que muchas personas lo están pasando mal. La vida no es fácil pero está llena de personas y de gestos que alivian los tropiezos del camino.
          Que en este año de la misericordia, mejoremos en cariño y entrega hacia los hermanos que tenemos más cerca, porque la vida que Dios quiere para nosotros es  que “nos amemos unos a otros”, sólo así cambiará de verdad el mundo.
En este acontecimiento tan grande en mi vida, muchas de las personas que forman parte de mi día a día me acompañaron: alumnos, profesores, padres, catequistas de Trabanca, sacerdotes amigos, hermanas de la Cdad. de Vilagarcía. Gracias a todos, por ser testigos de este Sí, para siempre  a Dios.
           Pido al  Señor y a María, nuestra madre, que sepa entregarme cada día al servicio de mis hermanos, conservando alegre y disponible el corazón para Él.
          Termino con la afirmación del P. Marcos que he tenido muy presente en la preparación de este compromiso y que intentaré  hacer realidad  en  mi vida todos los días, “el Apóstol es aquel que vive de Amor”. Sólo así seremos rostro de Dios en el mundo.
          Gracias a todos, a las hermanas, a mi familia y a los amigos que desde lejos  habéis llegaron, a los que desde lejos habéis rezado por mí y a los que desde el cielo, también estuvisteis presentes.
 
                                         Silvia Martínez Palacín  R.F.