CAMINATA A LAS SIETE IGLESIAS.

En el año 1540, Felipe Neri junto a varios de sus discípulos emprendió esta verdadera experiencia como profesión de fe. En 1541 San Ignacio de Loyola, amigo de San Felipe, hizo también esta peregrinación. Con el tiempo se convirtió en una práctica estable cobrando impulso durante el AÑO JUBILAR de 1550.

Basta esta breve introducción histórica para referirme a lo que fue esta peregrinación en el  año 2016, con motivo de la celebración de los QUINIENTOS años del nacimiento de este santo de la alegría (21 de julio de 1515). El sábado 1 de octubre, temprano, iniciamos esta Caminata por Siete Iglesias del centro de Santiago, Chile. El entusiasmo de religiosas, profesores, asistentes de la educación, familia filipense, padres, apoderados y alumnas se hizo presente en el centro de nuestra ciudad.

Sin duda este acto colectivo de encuentro y reflexión nos debe motivar a sentirnos parte de una historia religiosa forjada en la propia experiencia personal. Así debió sentirlo Felipe en su momento. Contribuir a través del ejemplo a forjar un mundo mejor. El entusiasmo de quienes participamos, cada uno repito, desde una propia vivencia de fe y compromiso, emulaba a San Felipe en su propia historia. En cada estación, un grupo responsable entregaba a los peregrinos una breve reseña histórica de la iglesia que nos acogía. Momento especial de reflexión y de historia de un pueblo y de una ciudad. Es ahí donde se entiende el compromiso de Felipe, quien vivió una época difícil para la Iglesia; aquí entendemos al santo en su cruzada de amor. Debo señalar que la caminata se nos hizo amena y alegre. En la mitad de nuestro recorrido se nos unió una Batucada juvenil que nos contagió aún más e hizo que la gente a nuestro alrededor siguiera también el ritmo de tambores y cajas.

Este día estaba marcado por romper nuestra rutina. Por dedicar una mañana a un peregrinar y sumirse en una reflexión que apuntaba a la búsqueda de sentido de nuestra propia existencia. Claro, porque el ejemplo de un santo nos motivaba a hacer un alto en nuestras vidas. El sentido lo encontraría cada uno de nosotros desde nuestro rol, desde nuestra experiencia y desde nuestra propia fe. Caminar varios kilómetros por las calles de nuestra ciudad era precisamente salir de nuestra rutina. Juntos viviendo esta experiencia, como Comunidad, Comunidad Filipense.

La partida fue en nuestro Colegio, con la motivación a cargo de las religiosas y la bendición de nuestro capellán. Nuestra segunda estación, San Lázaro con su Cristo de las Trincheras. Desde ahí, y por la Alameda hasta San Francisco que alberga la imagen de la Virgen del Socorro, traída por Pedro de Valdivia. Una alteración en el itinerario se produjo en este punto. La Iglesia de San Agustín era nuestra siguiente estación. En ese horario se celebraba la misa de día sábado. Nos dirigimos entonces a la estación siguiente: la Basílica de la Merced. En ella se encuentra la imagen religiosa  más antigua del país: la Virgen de la Merced, traída a Chile en 1548 por el padre Antonio Correa. Me detengo en este punto para una reflexión respecto de las fechas: En 1540 Felipe Neri inicia esta experiencia, y en el año 1548 el padre Correa trae a Chile la imagen de la Virgen de la Merced. Ambos religiosos, contemporáneos entre sí, marcados por ideas personales significativas: llevar a cabo iniciativas marcadas por el sello de la propagación de la fe.

Santo Domingo nos recibió a continuación. La Orden de los Dominicos y parte de su historia. Nos dirigimos entonces a la que sería nuestra última estación: la Catedral Metropolitana, centro de la historia religiosa de nuestro Santiago. Parte de su historia nos señala las transformaciones en su arquitectura producto de terremotos e incendios que la han afectado.

Finalizamos nuestro recorrido en  la Iglesia de San Agustín con su sobrecogedor Cristo de la Agonía y la leyenda de Catalina de los Ríos y Lisperguer. Fue el momento en que nos tocó cerrar esta caminata. Profesores, alumnas y exalumnas cerrando la jornada. A continuación las palabras de agradecimiento de nuestro Director y de las HERMANAS FILIPENSES. El cierre para una jornada  de mucho provecho personal y espiritual en honor a Felipe Neri, el santo de la alegría y patrono de la CONGREGACIÓN DE RELIGIOSAS FILIPENSES MISIONERAS DE ENSEÑANZA.

Marcial Ernesto Riquelme San Martín.
Profesor Colegio Filipense de Santiago.