50 AÑOS DEL COLEGIO FILIPENSE

NUESTRO CINCUENTENARIO
Noviembre de 2013, aquí estamos, con el asombro en el alma y en la piel, con el escorzo de la historia relatando cincuenta lustros de generaciones de chiquillos y chiquillas, que han traspasado esta entrada y con ellos religiosas, colaboradores, empleados, amigos y amigas que podrían develar mil leyendas, grandes y pequeñas llenas de ilusiones, desencantos y esperanzas. Aquí tras esa paciencia anónima, fundida en el trabajo de tres razas: aurora, cobre y ébano que se unieron para hacer de este sueño, un nuevo sol naciente que con orgullo proclamará este año su generación número 40, se han forjado los soñadores del hoy y del mañana. Por eso para nosotros preparar esta celebración cincuentenaria, ha sido ir encendiendo fanales para alumbrar el camino de los nuevos y futuros “FILIPENSES”. Hace un año celebramos la apertura del año jubilar y a partir de allí todo fue mucho trabajo y esfuerzo; las manos de toda la comunidad educativa se unieron y el Espíritu del Creador, bajó con la fuerza de un ancla, para proveer bendiciones y permitir que se reunieran anhelos materiales, místicos y psicológicos y estemos todos preparados para lo que sería la celebración de los 50 años. Un año después nos encontrábamos a la puerta de la celebración, lo que se preparó como si fuese una fiesta distante, llegaba a su momento…. ¡Los corazones palpitantes! ¡Los ánimos a conquistar según la lucha: a veces tensos, a veces alegres, a veces calmados…

Todo es parte de la historia. Mil preparativos, cientos de carreras, incontables esfuerzos, algunas desavenencias e inconvenientes, que nunca faltan y que son parte de la vida, porque sin ellos, no podríamos disfrutar de la alegría, la humildad y el perdón… y tras bambalinas las manos solícitas de todos y cada uno de los trabajadores Filipenses, a quienes desde el fondo de mi corazón quiero agradecer, pues sin sus esfuerzos, sin sus desvelos, sin sus sacrificios nada de esto hubiese sido posible. Iniciamos nuestra celebración con la fiesta de empleados, bien merecido lo teníamos, pues mucho se trabajó; en ella hicimos gala del espíritu festivo y alegre que como buenos filipenses nos caracteriza; una semana después las puertas del Colegio se abrían para acoger en su fiesta a los padres y madres ¡Como gozamos! Hermanas, empleados y padres, fuimos una sola familia, tras los disfraces de la década de los ochenta, se ocultaron hermosamente los rostros familiares que hacían lucir galanamente a los participantes ¡Cuánto derroche de creatividad y regocijo, tuvo esa noche!… Pareciera que iniciamos como en el reino del revés, pero no es así, dejamos la Eucaristía de acción de gracias para más adelante, porque no queríamos iniciar sin la presencia de nuestros invitados de España, Chile y nuestro hermano mayor Manizales. A la semana siguiente tuvimos dos días de inmensa alegría, pues para un filipense no hay nada más gratificante que brindar acogida. El jueves llegaron nuestras Hermanas de España y para ellas la papayera típica de esta tierra y por su puesto los brazos y los corazones abiertos, para que se sientan como en casa. El viernes a medio día recibimos a los hermanos australes ¡Que viaje largo, debieron soportar!, pero estamos seguros que todo se borró, al llegar a esta tierra y sentir el calor de hogar que aquí les esperaba, finalmente terminamos los recibimientos, ese viernes en la noche con la llegada de los manizalitas y el mismo cariño Filipense.

Al sábado, ya estando toda la familia reunida, nos congregamos en el templo de San Felipe, para agradecer al Dios de la Vida, las setenta veces siete bendiciones que nos ha regalado, durante estos cincuenta años, el protocolo, las ofrendas al son de la Guaneña y la acción de gracias entonando nuestro himno, fueron el canto del alma para dar inicio a la semana cultural.

Nuestra semana comenzó en domingo, fue muy importante para nosotros mostrar a nuestros invitados la belleza de esta tierra, el regalo maravilloso que nos hizo Dios, al traernos a este rinconcito sur de Colombia, donde se funde la ternura, la creatividad y el arte; por eso les llevamos a conocer inicialmente el “Lago Guamuez” en el municipio del Encano y a partir de allí: salidas, deportes, ferias, visitas, cultura… toda la semana fue un regalo extraordinario de la vida, que se encarga de enseñarnos el rostro de Dios en quienes se cruzan por nuestro camino; la integración de estudiantes: chilenos, manizalitas y pastusos fue hermosa, como descubrir un mundo nuevo en cada palabra y gesto del otro, esta riqueza fue incomparable. El día miércoles en la noche celebramos la fiesta de integración y cultura con todos los adultos, cuanto aprendimos: comidas, bebidas, vocablos, bailes… fueron el foco de seducción de la reunión y la inspiración para acercarnos más; nos conmovió enormemente las palabras de nuestras hermanas de España, haciendo la remembranza de lo que fue el Colegio y de cómo el trabajo, el tesón y la humildad lo sacaron adelante. El viernes llegó apresuradamente, pronto la rotación trajo la tarde y con ella el acto de clausura, donde nos hubiese gustado hacer un reconocimiento a todos los miembros y trabajadores de esta familia filipense, sobre todo aquellos que silentes, caminan por la estancia con las manos y el corazón dispuesto y no esperan por ello nada a cambio, solo el favor del Creador que conoce y bendice las manos bondadosa del que da, sin pedir nada a cambio; pero ello no era posible, por eso procuramos reconocer en nombre de algunas personas, todos esos valores que aquí a diario se vivencias. Al finalizar nos permitimos recibir los reconocimientos en primera instancia de los más cercanos a nuestra labor: COFIPAF, Consejo de Padres, Consejo Estudiantil, Padres del Oratorio, CONACED y de la sociedad, representada en el Senado, la Cámara, la Asamblea, el Concejo Municipal, las Secretarias de Educación Departamental y Municipal, al igual que colegios, y empresas. Todos ellos hicieron gala del vocablo halagador, elogioso, laudatorio, que dejo claro que todos los esfuerzos y desvelos vividos por las fundadoras y perpetuados por quienes hemos seguido sus pasos y la filosofía de servicio y entrega de Felipe Neri, no fueron en vano; pues celebrar cincuenta años, habiendo derribado toda frontera y proyectarnos para seguir celebrando muchos años es la clausura de un nuevo comienzo. La noche pasada por agua, pero con mucho calor humano, finalizó con la ceremonia de la urna cincuentenaria, que fue enterrada en la zona del Corazón de Jesús

Aquí no terminó nuestra semana, el sábado en la mañana las finales de deporte y en la tarde el encuentro de porristas y danza, con varios Colegios y Jardines de la ciudad participantes, fueron el espacio para mostrar la habilidad y la cultura. Llegada la noche, ya los ánimos menguados por el cansancio, pero el alma dispuesta a seguir amando, nos dimos citas unos instantes con Morfeo, para que el sol nos acaricie en la madrugada del domingo, que inicio con la Eucaristía y con la presencia de los feligreses y las comunidades de Chile, Manizales y Pasto; finalizada esta, tomamos rumbo al último destino al “Milagro de Dios sobre el Abismo” el imponente Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas y luego de visita a Tulcán en la hermana república del Ecuador, donde despedimos a nuestros hermanos de Chile con gotitas de dolor, pues robaron parte de nuestro corazón. De regreso el adiós y las lágrimas fueron para Manizales.

Así galanamente y con éxito culminó la celebración cincuentenaria; por ello reitero mis agradecimientos a todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa, a los patrocinadores, a los amigos, a las familias que acogieron a nuestros invitados, y todas aquellas personas que de una u otra forma fueron parte de esta real fantasía llamada FILIPENSE, a la que le auguramos muchos años más de celebraciones y que siga gravitando en sus paredes, impregnadas en sus aulas, aromatizadas en sus jardines: las carreras, los juegos, las travesuras, las enseñanzas, los aprendizajes y las risas de pequeños y pequeñas, cuyos ecos llevados por el viento, resonarán por siempre en los patios y rincones, despertando primaveras, bajo un cielo de ilusiones golondrinas y cigüeñas que año tras año pasan por esta estancia.

Ruth Maya Restrepo.