Primera profesión Religiosa. Pura misericordia de Dios en mi vida.

PRIMERA PROFESIÓN RELIGIOSA

PURA MISERICORDIA DE DIOS EN MI VIDA

Hna. Blanca Ruth Quintero Cuartas

“Yo te desposaré para siempre. Justicia y rectitud nos unirán, junto con el amor y la ternura” Oseas 2,21

El 8 de diciembre de 2020, en la Parroquia Nuestra Señora de la Salud en el municipio de Chía – Colombia, hice mis Primeros Votos Religiosos. Fue algo atípico, pues años atrás llegué a este momento tan significativo de la vida; pero, como son las cosas en la sabiduría de Dios, tuve que ir a permitirle llenarme de Él, de su amor y bondad, para regresar inundada de anhelos de Dios y de ganas de anunciarle sin las dudas de entonces, con fuego nuevo que arde; volver a Él quien nunca me ha dejado de su mano y esta vez sin necesidad de mirar atrás.

La Eucaristía estuvo presidida por el Padre Davis Orjuela y la viví en compañía de mi formadora, hermana Esmeralda Muñoz Rendón, mis hermanas de Comunidad Rocío, Sandrita, Mary Luz y Johanny; con la presencia de mi hermana Clemencia, mi sobrino Andrés y mi amiga Angélica, en representación de todas las hermanas, familia y amigos que por la pandemia se unieron tan amorosamente de manera virtual y en la oración. Me acompañaron también los fieles que ese día asistieron a la Parroquia, como testigos de la Iglesia. Allí, el Señor siempre misericordioso y fiel confirmó para mi vida su llamada antigua y siempre nueva.

Con infinita gratitud por sentirme tan amada; como diría el Papa Francisco misericordiada y reconociendo que su amor para mí se ha concretado una vez más en la acogida amorosa de nuestra amada Congregación de Religiosas Filipenses, quiero compartir las palabras que ese día le expresé al Señor desde el corazón y que hoy resuenan con la misma alegría y confianza, segura de que de su mano y dejándome guiar por él que sabe a dónde me lleva, encontraré el camino de felicidad que desde siempre tiene reservado para mí, que me ha ido develando de mil maneras, incluso cuando no lo he sabido ver. Un amor que a través de esta consagración, él anhela hacer llegar a muchos, para tocar sus vidas con su gracia y misericordia.

Estas son las palabras de aquel día:

Señor, tu misericordia nos han reunido hoy, en torno a la mesa de la Eucaristía; el mejor lugar para presentar ante ti nuestras vidas.

Amarte, es solo la respuesta limitada y débil de un alma que ha sentido la fuerza y grandeza de tu amor.  Por eso estamos aquí, por eso me presento ante ti a profesar bajo tu Gracia los votos Religiosos de Pobreza, Castidad y Obediencia; no porque tenga mucho que darte, sino porque me lo has dado todo. Porque me miraste desde la eternidad y me elegiste, conociendo la fragilidad de mi respuesta.

Tu sí, eterno Padre, ¡me ha sido expresado de tantas maneras y en tantos rostros! Y particularmente a través de esta amada Congregación de Religiosas Filipenses, en la cual nos marcaste el horizonte espiritual de San Felipe Neri, aquel Santo tan grande que, por encima de todo siempre prefirió el Paraíso. Y, siguiendo sus huellas, los hermanos Marcos y Gertrudis Castañer y Seda, nuestros venerables Fundadores, a quienes hoy pido su intercesión, para que la gracia y la fuerza del Santo Espíritu, me permita seguir en fidelidad este camino Filipense.

Ruego a María, Madre Inmaculada, Patrona nuestra, que acompañe este caminar que hoy empiezo, bajo su amparo y bajo la protección de San José (a quien he confiado el patronazgo de mí vocación). Que María, experta en fidelidades y humildad, nos ayude a vivir a la escucha del Señor, recostados en su Sagrado Corazón, para escuchar también los gemidos de aquellos, los más pequeños, por quienes late y se desborda su Misericordia.

En el seno de mi hogar aprendí el amor a Dios y la vida me ha enseñado el amor de Dios; este último siempre infinitamente más grande que el primero. Un amor gratuito que con tremenda paciencia me ha enseñado a seguirle con perseverancia y calma, a ensanchar los horizontes de mi familia hasta la familia congregacional y a la gran familia humana; a descubrir que Él siempre tiene para mí mejores planes que los míos y que me ha ido enseñando a gustar de ellos como propios.

Un día, en un diálogo con la que fue nuestra Superiora General, la Madre Celes, ella con ternura y paciencia me explicó que algunos necesitamos mucho tiempo para entender lo esencial; aún no lo he alcanzado, pero creo que el Señor está haciendo su obra y ha ganado terreno.

Otro día más reciente, nuestra Superiora General, la Madre Nieves me ratificó algo que el Señor le había dicho ya a mi corazón en este tiempo fuera de la Congregación: Que Él me quiere Religiosa Filipense para el mundo; también me ayudó a discernir este anhelo de mi corazón: Deseo que el día de mi paso al Paraíso, me encuentre como Religiosa Filipense y que pueda hacer parte de aquellos a quienes un día el Amado dirá: “Vengan benditos de mi Padre”.

“Dad gratis, lo que gratis recibisteis” Mt 10,8b

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