SEÑOR, TENEMOS HAMBRE

Ayer muy temprano, mi amiga Amanda, me pasó  a recoger, ya que teníamos el viaje programado para la Cárcel  preventiva. Tenía preparado lo habitual, jabón de cuaba, cloro y detergente para 200 internos, esta vez ya el dinero se había agotado para comprarles  papel higiénico.

El día anterior estaba muy preocupada ya que la magistrada me había llamado para decirme que los internos de esa cárcel no tenían que comer. En fracciones de segundo llegaron mil ideas a la cabeza; entendí que no valía la pena llevar cosas de aseo a quienes lo que tenían era hambre.

Después de  un largo rato de oración ya lista para dormir; sonó mi celular, con un poco de pereza me levanté y tomé la llamada, para mi sorpresa era  una religiosa amiga la que llamaba y me dijo que tenía disponibles unas leches y jugos, que si lo queríamos para la cárcel; sin pensar mucho le dije que sí. Di muchas gracias a Dios y a la generosidad de esas religiosas. Mi oración había sido escuchada y los internos pudieron mitigar un poco el hambre de ese día.

Con estas imágenes de la labor  pastoral en la cárcel preventiva de San Pedro de Macorís, que realizamos como Congregación, he reflexionado a la luz  del  canto del siervo sufriente del libro del profeta Isaías: «Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores: nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes». Isaías 53. 

 En medio de esta realidad y a modo de reflexión digo: “aquí están tus hijos Señor, crucificados en el 2020, fruto del pecado, de las injusticias, del abuso de poder, de la corrupción, del libertinaje, de las inmoralidades… Muchos aún no te conocen Señor; hazlos cambiar de rumbo, de  sentimientos. 

Tu rostro desfigurado nos infunde ánimo, a quienes nos toca acompañar a estos internos y nos llena de esperanza, porque este proceso no terminará en derrota. 

Gracias Señor porque nos invitas a bajar de la cruz a todos los que han sido crucificados injustamente como tú. Abrazamos nuestra cruz con dignidad.»

El Papa Francisco siempre habla de la preocupación de la Iglesia por las personas en particulares situaciones de sufrimientos, queriendo que se tengan en cuenta la realidad de tantos hermanos y hermanas encarcelados y encarceladas. Con el viacrucis que ha presidido este año el Papa Francisco, redactado por los internos y custodio de una cárcel de Italia pone una vez más de manifiesto su preocupación por los privados de libertad. 

Que Dios y La Virgen Inmaculada nos ayuden a estar cada día disponible ante el hermano y la hermana que Sufren y encontremos personas generosas que den de comer a los hambrientos.

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