PENTECOSTÉS: VIRUS Y CONTAGIOS

La venida del Espíritu Santo, el inicio de la Iglesia de Jesús, Pentecostés… tuvieron lugar en el contexto de una pandemia. La vida de Jesús, sus palabras, sus acciones, habían sido un virus que atacaba las sagradas instituciones del pueblo judío y del imperio romano. Mataron a Jesús. Y creyeron que habían matado el virus.

Cuando corrió el rumor de que ese “virus” originado por Jesús seguía vivo, inventaron bulos, quisieron frenar su expansión. Había que acabar con ese grupo “contaminado” que acompañaba al Maestro. Y todos sus amigos se auto-impusieron el confinamiento. Se encerraron en una habitación, bloquearon la puerta por miedo a contagiar o a ser contagiados. No sólo estaban los doce; también María, la familia… hasta unas 120 personas (Hechos 1, 15).

Es cierto que Jesús se les había aparecido vivo, que los había animado, que los había enviado a “contagiar” al mundo, a “no dejarse contagiar”, pero tenían miedo, dudaban. No sólo Tomas, sino algunos de los que le habían visto subir al cielo (Mt 28, 17). Vivían confinados en espera de una ansiada “vacuna”: la promesa de Jesús que enviaría su Espíritu y estaría siempre con ellos.

Ese tiempo de confinamiento en el Cenáculo no fue inútil: tuvieron tiempo de estar juntos, de rezar, de dialogar, de compartir, de tomar decisiones, de ir aclarando ideas. Estaba pendiente el tema del liderazgo. El texto bíblico destaca la autoridad de Pedro (“Pedro tomó la palabra en medio de ellos y dijo…” v. 15); y el papel clave de María («Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañia de María…” v. 14). Pero también vemos el sentido de democracia (hoy día se habla de “sinodalidad”), cuando se trató de sustituir a Judas (“Presentaron a dos candidatos…, dialogaron…, echaron a suertes… y eligieron a Matías” (vv 23-26).

Toda esa “confusión” se refleja en los viejos iconos de Pentecostés: en unos aparece María en el centro. En otros más “patriarcales” están Pedro y Juan. Y ese “conflicto” ha llegado hasta nuestros días: aún nos preguntamos cómo armonizar una Iglesia fundada en Pedro pero que, al mismo tiempo, esté inspirada en María, o sea una Iglesia petrina con rostro mariano.

Y la “vacuna” llegó entre fuertes ráfagas de viento y llamas de fuego. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. Empezó la globalización de la pandemia, imparable hasta hoy. Acaba el confinamiento, se abren las puertas, hablan en lenguas diversas (mundialización)… El relato bíblico habla de 14 regiones del mundo, representadas en Jerusalén, que empiezan a sentir los primeros síntomas del “contagio” de Jesús: “asombro y perplejidad” (2, 12). Poco después, Pedro toma la palabra y su discurso acaba con 3000 personas más contagiadas con el “virus” del Espíritu que los transforma en seguidores de Jesús. Otros están “inmunizados”. Como hoy.

Bendito virus, bendito contagio, bendito Pentecostés. Feliz fiesta.

José María Ferre

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