MI NUEVO SÍ

¨ ¿Quién  nos separará del amor de Cristo? ¿Las pruebas o la angustia, la persecución (…) los peligros o la espada? (…) No, en todo esto triunfaremos por la fuerza del que nos amó (…) ¨

(Cfr. Romanos 8, 35-39)

Soy dichosa, porque ha llegado mi momento de estar en paz y confiada en que el único que va dirigiendo mi vida es Dios no las personas, es Él quién me va dando plenitud al irme rodeando de pequeños detalles de real fraternidad en la comunidad en que resido, y de la que ya me voy sintiendo parte, en donde ya me voy sintiendo en casa al ser valorada y tratada por lo que soy.  Por eso con mi renovación no solo digo sí a mi consagración a Dios, sino también que digo sí a la esperanza de que vale la pena el construir el reino juntas con las hermanas que hacen de verdad el camino conmigo de crecimiento hacia una interioridad más evangélica, y menos superficial.

Aun en las fragilidades humanas que tenemos todas, voy percibiendo que intentamos vivir lo más cerca de las bienaventuranzas de Jesús: ¨ (…) Felices ustedes, los que lloran, porque reirán…¨ (Cfr. Lucas 6, 17-26). Pues voy experimentando felicidad en la vida diaria, ya que nos queremos entre nosotras y respetamos de corazón, y nos preocupamos con sincero y sano afecto por la felicidad de cada una de nuestras hermanas con las que vivimos.

Para mí va siendo muy significativo  en mi actual comunidad  con el buen trato no solo con la gente de fuera, sino que también entre nosotras van las hermanas sembrando así buena semilla  en las más jóvenes de unidad: ¨ Trata a los demás como quieres que te traten¨ (Cfr. Mateo 7, 12).

Es un nuevo reto para mí en particular para seguir creciendo en responsabilidad en seguir cultivando y fortaleciendo mi seguimiento a Jesús, pero también es un nuevo desafío el seguir mejorando como persona y como consagrada de la mano de Cristo crucificado y de la virgen María para nunca más separarme de su amor misericordioso que lo resucita y restaura todo en mí, si  me dejo transformar por este hermoso regalo que me ido haciendo Él a través de la Congregación, el poder constar que es posible la vida fraterna, cuando hay cariño desde dentro para construir mejor el Reino de Dios.

Dios quiere que seamos felices, haciendo felices a nuestras hermanas con las que vivimos, es ahí donde descubro presente a Dios, actuando en mi vida, y por ello es motivo de sentirme feliz,  y agradecida por todo lo que Jesús de Nazaret va haciendo en mí.

Hna. Larissa Infante, R.F

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