LOS DESIGNIOS DE DIOS NO SON LOS NUESTROS

El jueves 03 de mayo el Padre cubano Mario Delgado me envió un escrito ante la inminente partida de Hna. Ofelia Cobo a quién él estimaba y valoraba por haber sido su profesora y una entrañable religiosa. Una hora más tarde sucedió su partida a la casa del Padre al sufrir un infarto cardíaco cuando maneja su automóvil por la Habana sin saber que este sería su último testamento espiritual. Un sentido recuerdo y homenaje póstumo a estos dos Hermanos cubanos que entregaron su vida a Dios por medio de su vocación sacerdotal y religiosa respectivamente.

Hna. Cecilia Ancapán E.

Retrato de la Hermana Ofelia Cobo Rubio.

Religiosa Filipense Q.E.P.D. por Padre Mario Delgado Q.E.P.D.

 

Esperando la noticia del deceso de la Hna. Ofelia Cobo, redacto este “retrato” INCOMPLETO  en nombre de mi madre Adelaida Díaz Sobrado y su hermano menor Emilio ya difuntos; de mis dos hermanas que como los dos anteriores fueron alumnas becadas en el Colegio “El Apostolado” del municipio de Madruga, de la actual provincia de Mayabeque, y del mío propio (pues asistí como “oyente” cuando tenía unos ocho o nueve años, no recuerdo bien)  para agradecer a la Hna. Ofelia y las otras que conocí en mi infancia y a las que vinieron para hacer la segunda Fundación en Jagüey Grande, por primera vez o de vuelta  este país) que en los años ‘50 del pasado siglo trabajó en Madruga, con el antiguo hábito negro, joven, llena de vida y energía, con unos espejuelos de cristales verdes muy oscuros que impedían verle los ojos… y que gracias a su valor y  cubanía, con determinada determinación aceptó volver a su patria para ayudarla en la Evangelización como hija de la Iglesia de Cristo… De ella salió a misionar por esos años, primero en Chile, (creo que por Chiloé en las islas de esa zona de Chile) después fue enviada a Colombia y pasó años… a veces, montando en burro, acompañando a un sacerdote misionero por las selvas del Chocó… trabajando con los afrodescendientes…

Llegó a Cuba para la segunda Fundación (por mediación de Mons. Mariano Vivanco, obispo de Matanzas por ese entonces, ya difunto) con otras hermanas españolas y mejicanas. De ahí pasaron a fundar una nueva casa en la Arquidiócesis de la Habana, en la Parroquia de Tapaste, que yo atendía residiendo en San José de las Lajas. Ahí ocurrió mi reencuentro con esta religiosa misionera que me sorprendió al verla ya mayor, con canas, espejuelos transparentes, con otro hábito… y un talante capricorniano como el mío, pero ojo, muy bien colocada en su vocación religiosa, “aggiornada” por el Concilio intuyo, y a la vez bastante “reconciliada” con la totalidad de su larga trayectoria humana, espiritual recibida en su Noviciado y su profesión de maestra de aula, para impartir asignaturas…. Y lo que tuvo que realizar después al salir del aula y desplegar el carisma propio que asumió de los fundadores y a mi parecer trató de encarnar y personalizar, por supuesto con la innegable ayuda de la gracia de Dios que como bien dijo Santo Tomas: “no destruye la naturaleza humana sino que la perfecciona” . Perfección que buscaba en el día a día, de lo cual doy fe por las largas conversaciones de estos temas que tuve la suerte de entablar con ella, de las que fueron testigos las hermanas que convivieron con ella en Tapaste, y en la Habana antes de regresar a Jagüey y como la “abuelita “de la Comunidad itinerante que han sido estas hermanas las siguió hasta Taguasco en una nueva aventura misionera y nueva fundación. Creo que este fue uno de los principales servicios y misión que el Señor le pidió y que por su fortaleza física, espiritual y con el carisma filipense legó a la congregación, con perseverancia, y disponibilidad. Creo que con transparencia aunque a veces, pudiera que la formación recibida, el paso de los años, los cambios sociales y eclesiales proyectara una firmeza, o desfase, inevitable y muy comprensible como viví algunas veces, pero las que convivían con ella siempre supieron ayudarle y acompañarle en ese especial tesoro que es la vida comunitaria en la Vida y Tradición de la Iglesia Católica.

Muy obediente y humilde hacia la voluntad de Dios que quiso asumir en su comportamiento interior y exterior cuando viene por medio de la humana y limitada mediación las personas o las instituciones… Descanse en el Gozo y la Alegría del Reino, acompañada de la Madre Inmaculada en quien buscó apoyo, luz y verdad, y le tributara una muy tierna devoción de mujer y madre consagrada al Hijo. Como aparece en el piso de granito de la entrada a la capilla del colegio de Madruga: AMDG.

¡Gracias Hermanas Filipenses por la querida  Hna. Ofelia!

P. Mario de Jesús Delgado Díaz.

Párroco de Alquizar.

3 de mayo de 2018

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