Medios de comunicación e Iglesia: una relación con historia

Desde el área de Comunicaciones de Colombia, queremos compartirl este artículo de Jorge Enrique Mújica, L.C. | Fuente: FórumLibertas.com / Catholic.net, que además de ser interesante y actual, nos ha servido de gran motivación, para esta tarea que se nos ha encomendado.

Todas y cada una estamos llamadas a ser comunicadoras de la gracia que hemos recibido, del amor, de la misericordia y del carisma que se nos ha dado, con responsabilidad  generosidad.

«En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un excelente apoyo para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender los sólidos principios que son indispensables en la construcción de una sociedad respetuosa con la dignidad de la persona humana y del bien común. También los utiliza para difundir informaciones sobre ella misma y para ampliar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación.

Desde hace siglos viene favoreciendo la difusión de los textos sagrados y la reproducción de las obras clásicas más importantes a través de los amanuenses de monasterios benedictinos, la impresión, desde 1464, de los primeros libros en Italia y la participación en la divulgación de las ideas y pensamiento que ayuden al hombre. Actualmente el trabajo de laicos, religiosos y sacerdotes católicos que escriben o participan en los órganos de prensa, radio y televisión es cada vez más activo y consiente.

Esa promoción no se puede entender como mera utilización a manera de explotación de los medios de comunicación masiva sino, sobre todo, como herramienta de orientación, como interés por no dejar que la prensa abdique de su misión originaria y como parte del cumplimiento de su labor evangelizadora. La Iglesia misma posee, tanto a nivel Santa Sede como a nivel diocesano, diversos órganos de prensa escrita y oral. En Roma/Santa Sede, por ejemplo, existen la Radio Vaticana, el Centro Televisivo Vaticano, la editorial Librería Editrice Vaticana, el rotativo L´osservatore Romano y la página web católica más visitada del mundo www.vatican.va.
El pensamiento más reciente de la Iglesia sobre los medios de comunicación está contenido en los documentos “Inter mirifica” (1963), “Communio et progressio” (1971) y “Aetatis novae” (1992), además de los mensajes anuales con motivos de las jornadas mundiales de las comunicaciones sociales. Pero no sólo.

El primer Pontífice en valerse del invento “marconiano” de la televisión para enviar un saludo al orbe católico en 1927 fue Pío XI, el mismo que en 1936, regaló al episcopado estadounidense, y con él al mundo entero, la hermosa Carta Encíclica “Vigilanti Cura” dedicada, nada menos, a la importancia, poder, popularidad e impacto del cine además de trazar líneas morales sobre la misma producción cinematográfica. Retomando el mismo argumento, Pío XII escribió en 1955 una Exhortación Apostólica a los representantes del mundo cinematográfico en un bellísimo texto que desborda en conocimiento y recuerda, nuevamente, la importancia e ideales a los que debe tender todo filme. Pero no fue el único documento del Papa Pío XII. El 8 de septiembre de 1957 se dedicaba otra Encíclica, la “Miranda Prorsus”, al cine, la radio y la televisión. Al año siguiente, el 21 de agosto, el mismo Pontífice declaraba patrona de la televisión a santa Clara.

Juan XXIII no se privó de orientar a la Iglesia en el uso ético y moral de los medios de comunicación, así que con el Motu Propio “Boni Pastoris” constituyó la “Comisión Pontificia de Cine, Radio y Televisión” a cuyo cargo estarían examinar los diversos asuntos que se refieren al cine, radio y televisión, ayudar a su progreso y dirigir su actividad según las prescripciones y normas de la Encíclica “Miranda Prorsus”.

Pero el documento más importante y completo fue el decreto conciliar “Inter Mirifica” sobre los medios de comunicación social, bajo el Pontificado de Pablo VI. En el decreto se tratan “las principales cuestiones relacionadas con los medios de comunicación social además de los métodos de aprovechamientos de los mismos de cara a la salvación de los fieles cristianos y al progreso de todo el género humano” (Cfr. Inter Mirifica, no. 2). El 2 de abril de 1964 el mismo Pablo VI cambiaría el nombre a la institución anteriormente establecida por Juan XXIII (ahora “Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales”), dándole carácter de “perpetuidad” y ampliando sus tareas: le confiará “los problemas relativos a la radio, a la televisión y a la prensa diaria y periódica” (Cfr. In Fructibus Multis, no. 8) y la puesta en práctica de las resoluciones del Concilio. En 1971 la “Pontificia Comisión” ofrece su primer trabajo: la Instrucción Pastoral “Communio et Progessio[1]” sobre los medios de comunicación social; un decreto preparado por mandato especial del Concilio Ecuménico Vaticano II que constituiría la materia más acabada que en este campo ofrecía la Iglesia.

En el vigésimo aniversario de la “Communio et Progessio”, Juan Pablo II aprobó la Instrucción Pastoral “Aetatis Novae” sobre las comunicaciones sociales. En ella se abordan los nuevos contextos culturales, sociales, políticos y económicos, las tareas de las comunicaciones, los nuevos retos, las prioridades pastorales y medios de respuesta y la necesidad de una planificación pastoral. Desde entonces para acá se ha sucedido documentos de enorme valor[2]: “Ética en la publicidad” (del 22 de febrero de 1997), “Ética en las comunicaciones sociales” (2 de junio de 2000), “Ética en Internet” (28 de febrero de 2002), “La Iglesia en Internet” (28 de febrero de 2002) y la Carta Apostólica de Juan Pablo II “El rápido desarrollo de los medios de comunicación social” del 24 de enero de 2005.

Comunicar para la Iglesia no es una opción. Es una misión. Esta conciencia de la misión la han hecho propia no únicamente las diócesis; los movimientos eclesiales[3] y los laicos comprometidos[4] han tomado muy en serio esta responsabilidad. El florecer de casas editoriales, semanarios, revistas de formación, canales de televisión y estaciones de radio, periódicos y páginas de Internet son una buena prueba de ello. La Iglesia tiene interés en el hombre, no el remanente económico o la ideología falsaria; sabe que entre manos no tiene sólo ideas sino que es depositaria de una Verdad que debe llegar a todos los hombres. Acercarla, hacerla asequible, apreciable, es uno de los motivos por los que el binomio prensa-Iglesia parecen ya inseparables. Ya lo decía san Pablo: “Ay de mí si no evangelizase” (1 Cor. 9, 16).»

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