Un camino de fe cristiana hecho vida con aire Filipense

Con la celebración de Pentecostés en la renovación de nuestra consagración en la Eucaristía, hemos ofrecido toda una vivencia de un año de pastoral construido codo a codo con los grupos y personas que se han hecho encontradizos en nuestra labor de evangelización en esta tierra que en estos momentos de incertidumbre y carencias en casi todos los niveles.

Hoy más que nunca apostamos por caminar paso a paso con este pueblo, animando fortaleciendo y acompañándolo en ese proceso de fe incipiente.

Con agradecimiento a tantas personas que  con su apoyo espiritual y material han hecho y siguen haciendo posibles nuestra presencia, aparentemente insignificante pero valiosa, siendo que en muchos lugares y  personas no escuchan ni si quiera el nombre de Jesús y gracias a nuestra labor van encontrando sentido cristiano y moral de las realidades y opciones en sus vidas.

Nos llena de alegría recordar ese grupo de 36 mujeres del taller de confección que con tanta responsabilidad y alegría venían las tardes que le correspondía, dispuesta a pasarse un rato en un ambiente de trabajo en paz , llevándose siempre un mensaje constructivo y jamás soñado;

Por otro lado, ver a padres con el gozo de tener en sus brazos a sus hijos, quienes estuvieron a punto de tronchar la vida y con un apoyo y oración optaron por la vida, no por la muerte.

Esas comunidades rurales que nunca había disfrutado de una presencia de fe cristiana católica y que ahora se organizan para dedicar ese tiempo a celebrar su fe cristiana y Mariana, con la esperanza de esos niños que se integran cada sábado y domingo a ellos con tanto entusiasmo; el grupo pequeño de madre fieles a su encuentro semanal para orar en comunidad por sus hijos; Las familias enfermas  que con alegría esperan que le llevemos la palabra de Dios y compartamos sus realidades; Los que han despertado su fe  y quieren recibir los sacramentos; Los  enfermos y ancianos que 3 veces a la semana se acercan a nuestra casa para recibir algo de desayuno y es ocasión para tomarse un café y dialogar un poco; y el encuentro con el almuerzo de jóvenes de  la zona rural que vienen a estudiar al pueblo.

Más allá de la parroquia donde nos disponemos para aunar fuerzas a nivel Diocesano y Vicarial en las pastorales de catequesis, familiar y adolescentes; esa participación dominical de hacer presencia en las comunidades donde fortalecemos nuestra fe en la Eucaristía y por último esa inspiración y respuesta del Espíritu Santo con la biblioteca ambulante” San Felipe” como medio de formación permanente la que ha tenido una acogida grande que sobrepaso nuestra perspectiva.

Cómo no agradecerte  Señor esta oportunidad de vivir nuestra consagración con este querido pueblo cubano que con su acogida hace más llevadera nuestro servicio evangelizador.

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