ASÍ TE RECORDAMOS

«Para ser grande, primero tienes que aprender a ser pequeño»

Una vida que fue plena, nos ha dejado para seguir brillando al lado del Padre. La hermana Ángela García de la Calle, quien fue una mujer sencilla, cercana, alegre y con un instinto de servicio muy marcado nos dejó este día 19 de marzo, fiesta de S. José.
Fue Superiora General de las Religiosas Filipenses Misioneras de Enseñanza del 1996 al 2000, pero no fue ahí donde radicó su grandeza, sino en que aún siendo Madre General, se mantuvo humilde e hizo vida las palabras de Jesús: «quien quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos». No pretendió, ni buscó grandezas, sino que supo ser una más … y precisamente por eso, fuiste y seguirás siendo grande.
Gracias Ángela por tu testimonio de vida, por mantenerte fiel, humilde y sencilla y por interpelarnos con tu manera de ser.
Hoy, queremos hacer público el mensaje de agradecimiento que una de tus alumnas dijo de ti. Eso nos llena de orgullo y nos motiva a seguir dando lo mejor de nosotras desde nuestra pequeñez.
«Yo era una niña con hiperactividad, no paraba quieta. Era despierta y bastante inteligente, pero no podía estar quieta un momento, por lo cual mi reputación, no era que digamos digna del «cuadro de honor».  Al llegar a cuarto de bachillerato, vino a darnos clases de Ciencias Naturales y a quedarse como maestra tutora la Madre Ángela (era y es un colegio religioso). Era una monja joven que con métodos muy nuevos trataba de sacar de nosotras lo mejor. Algunas tardes nos sacaba de clases individualmente y hablaba con nosotras como si fuéramos mayores. Por aquella época a mí me gustaba escribir y pasaba muchas horas escribiendo. Ella lo sabía, e hizo un pacto conmigo. Yo podría escribir en algunas clases pero también debería sacar buenas notas. Fue la primera persona que creyó en mí y me habló como una adulta. Y fue con ella con la primera persona que me esforcé y estudié de verdad. Gracias a ella estudié magisterio, ¡Quería ser como ella! y entender a los niños como ella me había entendido y comprendido a mí. Seguí estudiando e hice la carrera de Psicología Clínica. He disfrutado 40 años de mis dos profesiones, que estudié en gran parte a la gran ayuda de la Madre Ángela. En septiembre me jubilé y el mes que viene verán la luz dos libros escritos por mí, uno de poesías y otro de relatos… Sé que muchas de las cosas más bonitas de mi vida se las debo a aquella profesora… Madre Ángela que sin sustiyuir a mi madre a la que adoraba, supo darme aquel toque de afecto, seguridad en mí misma, cariño y responsabilidad que me posibilitaron a desarrollarme como persona íntegra y feliz. Siempre he creído que los maestros no enseñan  materias, para eso están los libros. Creo que los maestros enseñan el camino que hay que tomar en la vida para ser personas honestas, felices, dichosas y ejemplo para otras generaciones. Eso me lo dio a mí la Madre Ángela García de la Calle de las Reverendas Madres Filipenses, como decíamos entonces.
Me lo dio con afecto, siempre con una sonrisa en los labios y un toque de humor en el corazón, latiendo a mi lado, para que yo creciera y evolucionara como una persona. Y aquella niña hiperactiva y disléxica, ha vivido muy feliz, siendo útil a la sociedad y muy querida por todos sus alumnos… y siempre ha recordado, a aquella maestra que creyó en ella… hace muchos años, tantos, que el mes que viene si Dios quiere, va a ser abuela y le contará a su nieta que tuvo una maestra que creyó en ella, y la ayudó a llegar a ser su abuelita.
                           ¡Muchas gracias Madre Ángela!   
Mª Luisa Heras Vásquez

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