25 años de Consagración Religiosa, Hna.Dora Ligia Quintero

Con inmensa alegría, con un gozo indescriptible, con mi alma colmada de esperanza, celebro junto a ustedes estos 25 años de entrega, de enseñanzas, de luchas y alegrías.

Necesito tener buena memoria, porque son muchísimas las
bendiciones y privilegios que Dios ha regalado a mi existencia, necesito contarles que entre Dios y yo, entre mi pecado y mis inmensos deseos de conversión, ha estado presente la intersección de mi madre espiritual, la Inmaculada y siempre Virgen, que en mis horas existenciales, he sentido la fuerza que mi familia ha puesto en mi corazón, con solo saber que están a mi lado y que para ellos siempre he sido importante; mi gran deferencia y respeto a mi mamá guerrera , creyente, fervorosa, de quien aprendí a fijar mi mirada en El, ella que con su oración constante y su maternal manera de aconsejarme, sabe instalar en mi mente y corazón la paz que da el sentirse amada por Dios, siento que desde el cielo mi Papá ha seguido siendo luz en mi camino, que con su vivir sencillo y honesto, dejó en mi mente y en mi alma suficientes razones para querer seguir el camino del bien.

Hoy también con gratitud recuerdo a la Hna. María Teresa Laín, mi formadora, quien puso en mis momentos iniciales de seguimiento el ajuste perfecto, del encanto vocacional, que hizo eco y no ha dejado de resonar en mi interior y me sigue animando a avanzar sin tregua y sin miedo.

A mis Hermanas de Congregación, agradezco que con lujo de detalle le han colocado a mi destino el mejor de los escenarios para disfrutar la misión y el carisma Filipense, dejándome claro en cada instante de mi vida que hay que ir con diligencia y sencillez a la angustia y el dolor de los pobres y desamparados.

A mis amigos, con mi cariño y mi oración, desearé para ellos siempre lo excelente, porque junto a mi hombro han ido dilucidando pautas e inicios de crecimiento personal, que dejan huella de una verdadera amistad en mi vida.

Me reconozco y hoy con un grito de júbilo le digo a mi corazón, a mi alma que aún falta un largo trecho y que hay una manera  encantadora de seguir tomando la mano de los tres, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que mi marcha vaya segura, estable y fiel, hacía ellos.

También reconozco, que nadie se hace religioso por propia iniciativa. Es Dios quien llama y quien capacita para responder. En Dios, llamar es dar. La vocación es un verdadero don. Y los dones de Dios, por ser dones de amor, enteramente gratuitos, son dones definitivos, sin un posible arrepentimiento por parte del mismo Dios, como nos
recuerda san Pablo: “Los dones y la vocación de Dios son irrevocables” (Rom.11,29). Llamar para siempre es crear en el llamado una permanente capacidad de respuesta. Para mí el valor de la fidelidad consiste en apoyarse en la fidelidad inquebrantable de Dios.

Pido al buen Dios que me permita seguir en este camino,
por donde sé que también se cruzan sus pasos. Con sencillez y humildad abandono de nuevo mi querer y mi voluntad en las manos de Dios y María, ruego a nuestros fundadores Marcos y Gertrudis que desde el cielo junto a san Felipe, sigan deleitando mi vida con su bendición y protección.

Hna.Dora Ligia Quintero Galeano

Rionegro, Colombia

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR